En septiembre de 2024, Rada Tilly fue escenario de una primera edición que logró algo poco frecuente: reunir identidad, territorio y producción regional en una experiencia que dejó de ser evento para convertirse en punto de partida.
Hay eventos que nacen como agenda. Otros, como excusa para reunirse.
Y hay algunos que desde su primera edición dejan la sensación de estar asistiendo a un comienzo.
Eso fue lo que ocurrió el 28 y 29 de septiembre de 2024 en el Colegio Médico de Rada Tilly, cuando se llevó adelante la primera edición de la Feria Tierra, Mar y Vino: un encuentro que no solo convocó a bodegas y público, sino que logró construir algo más profundo —una experiencia enológica con identidad patagónica.
El vino como punto de encuentro
La feria reunió a algunas de las bodegas más representativas del sur argentino, entre ellas Nant y Fall, Malma, Humberto Canale, Fin del Mundo, Schröeder, Noemía, Otronia, Casa Yagüe, Patritti, Gerome Marteau, Correntoso, Comahue y De Bernardi, configurando un mapa diverso de terroirs, estilos y expresiones.
Pero uno de los aspectos más significativos fue otro.
Según destacó el organizador Andrés Acevedo, la feria logró acercar el vino de Chubut a su propio territorio:
“Otro de los logros fue acercar el vino que se elabora en la provincia del Chubut a los chubutenses. Estuvieron presentes casi el 90% de las bodegas de Chubut, y eso fue algo buenísimo porque los vinos de Chubut son difíciles de conseguir en las tiendas de bebidas ya que tienen una producción limitada”.
Vinos provenientes de Trelew, Sarmiento, Lago Puelo, Gaiman, El Hoyo, Trevelin, Gualjaina y Paso de Sapo conformaron una escena poco habitual: la posibilidad de recorrer, en un mismo espacio, la diversidad productiva de la provincia.
Territorio, identidad y diversidad
El concepto de la feria —tierra, mar y vino— no fue una construcción estética, sino una decisión estructural.
La experiencia integró no solo vino, sino también otras bebidas como gin, vermut, whisky y cervezas, ampliando el recorrido sensorial y conectándolo con nuevas tendencias de consumo.
Al mismo tiempo, el entorno patagónico no fue decorado: fue contenido.
La propuesta dialogó con el paisaje, con la producción local y con una identidad que encontró en el evento una forma de expresarse.
La cocina como lenguaje del territorio
La gastronomía no acompañó: protagonizó.
En el exterior del salón se montaron espacios culinarios a cargo de referentes como el chef Pablo Soto (Molle Verde), Enzo Mayorga (Proyecto Raíz y ganador del Torneo Federal de Chef) y Mirko (In Restó), quienes trabajaron con productos frescos y de entorno.
Pulpo, centolla, algas, carnes rojas: una carta que no buscó sofisticación artificial, sino coherencia con el territorio.
Como señaló Acevedo:
“La gastronomía también tuvo su protagonismo. En tres espacios bien delimitados hubo propuestas totalmente diferentes, todas elaboradas con productos frescos y de entorno”.
Pensar el vino: conocimiento y experiencia
La feria también abrió espacio al conocimiento.
Periodistas, sommeliers, enólogos, chefs y productores compartieron sus experiencias en charlas que ampliaron la propuesta más allá de la degustación.
Participaron referentes como Marisol de la Fuente, Sergio Rodríguez, Luis Alberto Lenkie
wicz, Guido Malacalza y el chef Pablo Soto, junto a integrantes del Proyecto Raíz.
Estos espacios consolidaron uno de los ejes más interesantes del evento: acercar la cultura del vino desde una perspectiva accesible, directa y situada.
Una comunidad que respondió
Durante ambas jornadas, la respuesta del público confirmó que existía una demanda latente por este tipo de propuestas.
Vecinos y visitantes no solo participaron, sino que se apropiaron de la experiencia, generando un clima que combinó descubrimiento, disfrute y encuentro.
La feria logró algo difícil de planificar: construir comunidad en torno al vino y al territorio.
Un inicio que marcó un rumbo
La primera edición de Tierra, Mar y Vino no se definió por su escala, sino por su claridad.
Desde el comienzo, dejó planteado un camino: integrar producción, identidad y experiencia en un mismo espacio.
No fue solo una feria.
Fue el inicio de una narrativa que, con el tiempo, comenzó a consolidarse.
Y como suelen decir los que logran trascender lo circunstancial:
no se trató de cómo empezó, sino de lo que puso en movimiento.
