La segunda edición reunió en Rada Tilly a más de 40 bodegas argentinas, referentes nacionales del mundo vitivinícola, gastronomía patagónica, destilados importados y espacios de intercambio que consolidan a la ciudad como escenario de una experiencia única en el sur del país.

La segunda edición de Tierra, Mar y Vinos volvió a reunir en Rada Tilly una combinación que ya empieza a tomar identidad propia: vino argentino, producción patagónica, gastronomía regional, conocimiento, paisaje y encuentro.
Durante dos jornadas, el Colegio Médico de Rada Tilly se transformó en un recorrido por distintas regiones vitivinícolas del país, con la presencia de más de 40 bodegas, alrededor de 250 etiquetas, referentes nacionales, enólogos, sommeliers, embajadores de marca, chefs y productores que dieron forma a una experiencia pensada para disfrutar el vino desde todos sus sentidos.
Impulsada por Musters, en el marco de sus 20 años difundiendo la cultura del vino, la feria nació con una búsqueda clara: acercar el vino a nuevos públicos, acompañar el crecimiento vitivinícola de Chubut y generar un espacio donde la Patagonia pueda mostrar su identidad productiva en diálogo con otras zonas del país. En su primera edición reunió a 32 bodegas y un enólogo; en 2025 redobló la apuesta con más de 40 bodegas, enólogos, embajadores de marca y un sommelier de reconocimiento internacional como Andrés Rosberg.
El crecimiento de Tierra, Mar y Vinos también fue acompañado institucionalmente. La segunda edición fue declarada de interés legislativo, turístico y productivo provincial por la Legislatura del Chubut, y de interés municipal por el Concejo Deliberante de Rada Tilly, destacando su aporte al desarrollo económico local y regional, la promoción del turismo gastronómico y vitivinícola, y la difusión de la identidad cultural patagónica.
Un mapa del vino argentino junto al mar
Uno de los grandes valores de esta edición fue la diversidad de bodegas y regiones presentes. La feria permitió recorrer etiquetas de Chubut, Neuquén, Río Negro, Mendoza, Salta y Córdoba, con una presencia especialmente significativa de proyectos patagónicos.
Desde Chubut participaron bodegas como Yaoyin, Sarifa, Terruno de Caldera, Cielos de Gualjaina, Contracorriente, Otronia, Ayestaran Allard, Huella Austral, Estancia Las Bardas, Viñedos del Golfo, Entre Senderos y Bardas al Sur. De Neuquén llegaron Malma Family Wines y Mabellini Wines; mientras que Río Negro estuvo representada por Cava Nueva, Manos de El Bolsón, Casa Redonda y Humberto Canale.
La presencia de Mendoza amplió el recorrido con bodegas como Antigal, Bonfanti, Ver Sacrum, La Cayetana, Susana Balbo, Renacer, Riglos Family Wines, Ernesto Catena Vineyards, Durigutti, Penedo Borges, Bandini House of Wines, Los Bisole, Urqo, Flaneur, Finca Beth, Vuelo Andino, Revolución del Este y Zuccardi Wines. También se sumaron propuestas de Salta, como Colomé, Yacochuya y Etchart, y de Córdoba, con Achala, Terra Camiare y Estancia Las Cañitas.
Esa amplitud convirtió a Tierra, Mar y Vinos en mucho más que una degustación. Fue una forma de poner en conversación a la Patagonia con los grandes terroirs argentinos, mostrando que Chubut ya no ocupa un lugar periférico en el mundo del vino, sino que empieza a construir una voz propia desde la costa, la cordillera, la meseta y los valles.
Charlas, conocimiento y una mirada sobre el futuro del vino
La feria también sostuvo un fuerte eje formativo. Durante las dos jornadas se desarrollaron charlas, catas y espacios de intercambio con referentes del sector, entre ellos Andrés Rosberg, Eduardo Soler, Claudia Piedrabuena, María Pía Argimón, Sebastián Bonfanti, Sol Miretti, Sofía Elena y Guido Malacalza, entre otros especialistas.
Las conversaciones abordaron temas vinculados al presente y al futuro de la vitivinicultura argentina y patagónica: la identidad de los vinos de Chubut, los perfiles marítimos, la diversidad de suelos, los nuevos consumidores, la comunicación del vino y el crecimiento de proyectos que se animan a producir en territorios extremos.
En ese marco, la participación de referentes ligados a bodegas como Cielos de Gualjaina, Contracorriente y Otronia permitió mostrar distintas expresiones del vino chubutense, desde la cordillera hasta otros paisajes productivos de la provincia. También se destacó la mirada de Eduardo Soler, de Ver Sacrum y La Cayetana, sobre su proyecto vitivinícola con perfil marítimo en Bahía Bustamante.
Pernod Ricard: un espacio premium para ampliar la experiencia
Otra de las incorporaciones destacadas fue el espacio premium de Pernod Ricard Argentina, que sumó a la feria una propuesta de destilados importados de primer nivel, con degustaciones de whisky, gin y vermut.
Este espacio permitió ampliar la experiencia más allá del vino, sin perder el espíritu curado y de calidad de la feria. La propuesta incluyó coctelería y la participación de especialistas, con Javier Biagetti exponiendo su trabajo en el espacio Pernod Ricard.
La presencia de una compañía internacional de ese nivel marcó también un salto en la escala de Tierra, Mar y Vinos: una feria nacida desde Rada Tilly, con identidad patagónica, pero capaz de dialogar con marcas, embajadores y experiencias globales.
Gastronomía patagónica: sabores de la tierra y del mar
La gastronomía ocupó un lugar central en la propuesta. No funcionó como complemento, sino como parte del concepto: una feria donde cada asistente podía construir sus propios maridajes entre copas, territorios y platos.
Los chefs Pablo Soto, de Molle Verde; Mirko Ionfrida Baleta, de #In; y Enzo Mayorga, de Del Marqués, fueron los encargados de elaborar platos con identidad patagónica, combinando productos de la tierra y del mar.
Entre las propuestas se destacaron preparaciones con trucha arcoíris, cordero, langostinos, merluza negra, congrio, pulpo, capón, productos regionales y sushi rolls con acento patagónico. La gastronomía permitió reforzar una de las ideas más potentes de la feria: el vino no se disfruta aislado, sino en diálogo con un territorio, una cocina y una forma de habitar el encuentro.
Una feria que proyecta a Rada Tilly
La Municipalidad de Rada Tilly acompañó el evento destacando su aporte al turismo, la cultura, la gastronomía y el desarrollo económico local. Desde el municipio se remarcó que Tierra, Mar y Vinos articula el trabajo entre el sector público y privado, impulsa la diversificación económica y proyecta a la ciudad en la región y el país.
Esa articulación es una de las claves del crecimiento de la feria. Tierra, Mar y Vinos no se limita a reunir bodegas durante dos noches: construye una plataforma para productores, emprendedores, chefs, marcas, especialistas y visitantes. A la vez, fortalece el perfil de Rada Tilly como destino turístico y gastronómico, con una propuesta que combina paisaje, calidad y experiencia.
En palabras de Andrés Acevedo, el objetivo es acompañar desde la tierra, el mar y el vino la actividad vitivinícola emergente de la provincia, y al mismo tiempo potenciar el perfil turístico que Rada Tilly viene consolidando en los últimos años.
Una identidad que crece
La edición 2025 dejó una certeza: Tierra, Mar y Vinos ya no es solo una feria joven con buena convocatoria. Es una experiencia en construcción, con una identidad cada vez más clara y una proyección que empieza a trascender la región.
Desde Rada Tilly, junto al mar, el evento propone otra forma de mirar el vino argentino: más federal, más patagónica, más vinculada al territorio y a las personas que lo hacen posible.
Para Musters, esta segunda edición representa la continuidad de un camino iniciado hace dos décadas: acercar el vino, compartir conocimiento, abrir conversaciones y generar experiencias que pongan en valor la cultura vitivinícola.
Tierra, Mar y Vinos 2025 confirmó que Chubut tiene mucho para decir en el mapa del vino argentino. Y que Rada Tilly, con su paisaje costero y su capacidad de encuentro, puede convertirse en uno de los escenarios donde esa historia se siga escribiendo.
